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2 may 2026 · Actualizado 06:20 a.m. UTC
Ciencia

Un estudio revela que los analgésicos humanos bloquean eficazmente las respuestas al dolor en las cigalas

Investigadores de la Universidad de Gotemburgo han demostrado que los analgésicos comunes reducen significativamente las conductas relacionadas con el dolor en las cigalas, lo que sugiere que los crustáceos experimentan el dolor de forma similar a otros animales.

Tomás Herrera

2 min de lectura

Un estudio revela que los analgésicos humanos bloquean eficazmente las respuestas al dolor en las cigalas
A Norway lobster used in scientific pain response research.

Los analgésicos humanos comunes logran bloquear las respuestas al dolor en las cigalas, según una nueva investigación publicada en la revista Scientific Reports. Los hallazgos aportan nuevas pruebas de que los crustáceos podrían tener capacidad para sentir dolor, un descubrimiento que podría transformar las normas de bienestar en los sectores pesquero y de laboratorio.

Lynne Sneddon, profesora de zoofisiología en la Universidad de Gotemburgo, dirigió el estudio para determinar si los medicamentos de uso humano podían mitigar las respuestas al estrés en esta especie. El equipo de investigación expuso a las cigalas a descargas eléctricas, conocidas por ser dolorosas para los seres humanos, y observó sus reacciones físicas.

Al recibir las descargas, las cigalas intentaban escapar dando coletazos rápidos. Sin embargo, este comportamiento defensivo disminuía significativamente o desaparecía por completo cuando los animales eran tratados previamente con aspirina o lidocaína.

“El hecho de que los analgésicos desarrollados para humanos también funcionen en las cigalas demuestra lo similar que es nuestro funcionamiento”, afirmó Sneddon. “Por eso es importante preocuparnos por cómo tratamos y sacrificamos a los crustáceos, igual que hacemos con los pollos o las vacas”.

Replanteando los estándares de la industria

La investigación llega en un momento en que el interés mundial por el bienestar de los crustáceos se intensifica. Países como Noruega, Nueva Zelanda y Austria ya han prohibido la práctica de hervir crustáceos vivos, y el Reino Unido está evaluando actualmente propuestas legislativas similares.

La industria pesquera ha buscado alternativas, como el uso de corrientes eléctricas para aturdir a los animales antes de su procesamiento. No obstante, Sneddon advirtió que unos sistemas eléctricos mal calibrados podrían causar un sufrimiento innecesario. Los resultados de su equipo indican que las descargas inadecuadas provocan las mismas respuestas de estrés que una lesión física.

Durante el ensayo, los investigadores observaron que las inyecciones de aspirina, aunque eficaces para reducir los coletazos, provocaban un mayor aseo de las patas y pinzas, lo cual es un signo de estrés en estos animales. La lidocaína, al disolverse en el agua, resultó ser más eficaz y presentó menos efectos secundarios visibles.

Sneddon enfatizó que estos resultados deberían influir en cómo la comunidad científica aborda la experimentación con animales. La experta aboga por integrar el control del dolor en los protocolos de laboratorio para garantizar un trato más humano.

“Nuestros resultados subrayan la importancia de la responsabilidad ética respecto al bienestar de los crustáceos, no solo en la industria alimentaria”, concluyó Sneddon. “Debemos realizar más experimentos para descubrir la forma más humana de tratar y sacrificar a los crustáceos si queremos seguir consumiéndolos en el futuro”.

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