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2 may 2026 · Actualizado 10:28 a.m. UTC
Ciencia

La radiación espacial: una amenaza letal para los astronautas de Artemis II

La misión Artemis II de la NASA se enfrenta a riesgos críticos debido a la radiación cósmica y solar, capaz de provocar daños en el ADN y complicaciones de salud a largo plazo.

Tomás Herrera

2 min de lectura

La radiación espacial: una amenaza letal para los astronautas de Artemis II
Space radiation risks for Artemis II astronauts

La misión Artemis II de la NASA despegó el 1 de abril de 2026, marcando el primer viaje lunar desde la misión Apollo 17 hace más de 50 años. La tripulación, compuesta por cuatro integrantes, recorrió aproximadamente 406.127 kilómetros desde la Tierra para explorar la cara oculta de la Luna.

Aunque la misión representa un gran avance hacia la colonización lunar, los astronautas se enfrentan a graves amenazas biológicas debido a la radiación espacial. Esta radiación, proveniente de fuentes galácticas y del Sol, puede alterar de forma fundamental las funciones celulares.

Alfonso Blázquez Castro, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, declaró a The Conversation que los efectos de la radiación espacial son comparables a la radiactividad observada en explosiones atómicas o accidentes en reactores nucleares.

Impacto biológico de los rayos cósmicos

La radiación altera el organismo al romper moléculas celulares o al crear especies químicas altamente reactivas. Este proceso puede dañar el ADN, el código maestro de todas las funciones celulares.

"A corto plazo, el daño puede provocar enfermedades o incluso la muerte. A largo plazo, puede derivar en la pérdida crónica de diversas funciones o en el desarrollo de cáncer", explicó Blázquez Castro.

La exposición también puede comprometer los sistemas nervioso central y cardiovascular. La gravedad del impacto depende del tipo de partícula ionizante, su energía y la duración de la exposición.

La radiación se mide en sieverts y milisieverts. Una dosis repentina de 5 a 6 sieverts puede causar la muerte en cuestión de días, mientras que los trabajadores de vuelos comerciales suelen recibir una dosis anual máxima de entre 1 y 2 milisieverts.

Durante las misiones Apollo, los astronautas recibían entre 0,5 y 3 milisieverts diarios. Aunque los datos de salud a largo plazo de los veteranos de Apollo no muestran actualmente un aumento en las tasas de cáncer, aquellas misiones duraban apenas unos 12 días.

Blázquez Castro señaló que el factor tiempo es crítico. Si las misiones Apollo 16 y 17 hubieran ocurrido en agosto de 1972, las llamaradas solares podrían haber provocado dosis de radiación letales con muy poca advertencia.

Actualmente, la NASA está probando materiales diseñados para desviar o frenar las partículas de radiación. Los científicos también están explorando estrategias nutricionales y farmacéuticas para ayudar a reparar los daños en el ADN.

Las futuras colonias lunares podrían basarse en bases subterráneas, utilizando metros de suelo lunar como escudo protector contra los rayos cósmicos.

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