El aumento del crimen organizado, la violencia intrafamiliar y los ataques físicos contra funcionarios públicos se está convirtiendo en una parte normalizada de la vida social chilena, según una columna de opinión del abogado y profesor Hernán Larraín L., publicada en latercera.com.
Larraín describe un escenario donde la actividad de bandas en barrios vulnerables, el abuso sexual dentro de las familias y la extorsión están ganando intensidad. Señala que la criminalidad ha adquirido una nueva dimensión organizada que, con frecuencia, deriva en homicididades y secuestros.
Las escuelas también atraviesan una crisis de seguridad. El informe destaca nuevas formas de bullying que incluyen humillación física, el uso de armas blancas e incluso el lanzamiento de cócteles Molotov dentro de los establecimientos educacionales.
Erosión de la autoridad institucional
La violencia se ha extendido también hacia educadores y figuras públicas. Larraín hace referencia a recientes ataques armados contra profesores, uno de los cuales resultó en una fatalidad.
Asimismo, destacó un reciente ataque contra un ministro en una prestigiosa universidad. El autor criticó la respuesta "pusilánime" del rector universitario, motivada por compromisos ideológicos, argumentando que el incidente vulneró el propósito fundamental de la universidad como un espacio para el debate pacífico y racional.
Esta tendencia local refleja un patrón de conflicto global más amplio. Larraín observa que las guerras continuas están destruyendo infraestructuras y vidas en todo el mundo, llegando incluso a justificar la desaparición de civilizaciones enteras.
Según la pieza publicada en latercera.com, la crisis no es una serie de eventos aislados, sino un fallo sistémico de las normas que rigen el comportamiento humano. Estos principios, tradicionalmente transmitidos por la familia, la escuela y la religión, no están logrando contener los impulsos violentos.
Larraín sostiene que la raíz del problema exige una profunda autocrítica y reacciones estructurales fundamentales. Sin una intervención de este tipo, advierte, el país corre el riesgo de retroceder hacia un estado de barbarie.