La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó este martes de una reducción significativa en el número de casos sospechosos de ébola, cuya cifra descendió de 906 a 116 en comparación con la semana anterior. Las autoridades sanitarias explicaron que este marcado descenso es el resultado de un riguroso proceso de pruebas que permitió descartar a personas que inicialmente habían sido clasificadas como posibles pacientes.
Según el informe más reciente, se registran 330 casos confirmados del virus en toda la región. La República Democrática del Congo (RDC) concentra 321 de estos casos, que incluyen 48 fallecimientos. En la vecina Uganda, las autoridades sanitarias han registrado nueve casos confirmados y una muerte.
Los funcionarios de la OMS explicaron que el conteo anterior, más elevado, fue consecuencia de unos protocolos de vigilancia muy amplios. Dado que los síntomas iniciales del ébola pueden confundirse con los de otras enfermedades endémicas, como la malaria, la meningitis o la gripe común, cualquier persona que presente síntomas similares es clasificada automáticamente como caso sospechoso hasta que se obtengan los resultados de laboratorio.
Una vez que las pruebas diagnósticas dan negativo, esos pacientes son eliminados de las estadísticas oficiales. El ajuste actual refleja la exclusión de aquellas personas que, tras someterse a los exámenes, resultaron padecer otras afecciones.
Las autoridades sanitarias señalaron que las estadísticas previas incluían 223 muertes clasificadas como casos «sospechosos» de ébola, una cifra que ha sido retirada del informe actual. Los funcionarios indicaron que esta categoría se consideró poco fiable, ya que muchas de esas muertes ocurrieron tiempo atrás y no pudieron ser verificadas mediante exhumaciones y pruebas posteriores.
Aunque el número de casos sospechosos ha disminuido, las autoridades siguen monitoreando el brote, declarado oficialmente el 15 de mayo en la provincia de Ituri, en la RDC. Se cree que el virus circuló durante varias semanas antes de ser detectado, debido en gran medida a la similitud de sus síntomas con otras enfermedades comunes en la zona.
Actualmente, seis personas que contrajeron el virus se han recuperado. Ante la falta de una vacuna o tratamiento aprobado para esta cepa específica, la OMS y las autoridades locales están centrando sus esfuerzos en medidas preventivas y en una vigilancia reforzada para contener la propagación de la enfermedad.