Un modelo de propiedad local
Los residentes de la isla danesa de Bornholm están impulsando la construcción de uno de los parques eólicos de propiedad comunitaria más grandes del planeta. Según un informe de The Ferret, el proyecto busca establecer un nuevo estándar en la gestión local de la energía, marcando un claro contraste con los modelos dominados por grandes corporaciones que suelen verse en Escocia.
Bornholm, un antiguo enclave comercial vikingo con 40.000 habitantes, posee una larga trayectoria en el ámbito de las energías renovables. Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla albergó uno de los primeros aerogeneradores marinos del mundo cerca de la localidad de Nexø, en un momento en que el país buscaba alternativas al carbón y al petróleo.
Diferencias con el modelo escocés
Mientras que en Escocia persisten las disputas sobre cómo se distribuyen los beneficios de los parques eólicos, el modelo danés ofrece un enfoque distinto. The Ferret señala que, a pesar del consenso general sobre la necesidad de la energía eólica para cumplir los objetivos climáticos, las comunidades escocesas a menudo sufren pobreza energética y apenas reciben una fracción de los ingresos generados por los aerogeneradores cercanos. Por el contrario, Dinamarca lleva décadas perfeccionando un marco legal que prioriza el beneficio de las comunidades locales.
Helle Munk Ravnborg, investigadora y planificadora ambiental, destaca que la transición de la isla hacia las renovables modernas tiene sus raíces en una tradición de cooperación local. "Muchos de los pequeños aerogeneradores en tierras de Bornholm comenzaron siendo propiedad cooperativa durante los años noventa", comentó Ravnborg a The Ferret.
Un modelo para el futuro
Esta estrategia centrada en la comunidad se opone a la tendencia actual en Escocia, donde The Ferret ha documentado cómo millones de euros en beneficios de energía eólica terminan en manos de terratenientes adinerados y promotores extranjeros. Al aprovechar su historia de infraestructura cooperativa, Bornholm sigue apostando por un modelo en el que los recursos energéticos apoyen directamente a la población local.
Esta iniciativa sirve como posible hoja de ruta para Escocia, donde el debate sobre la equidad energética sigue siendo motivo de controversia. A medida que Bornholm amplía su capacidad de propiedad comunitaria, pone de relieve la profunda diferencia entre los sistemas diseñados para la resiliencia económica local y aquellos que sirven principalmente a intereses corporativos externos. El proyecto sigue siendo un punto de referencia para quienes estudian cómo la producción descentralizada de energía puede mitigar la pobreza energética y garantizar que los beneficios económicos de la transición verde permanezcan en la comunidad que alberga la infraestructura.