El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, advirtió formalmente en un discurso ante el parlamento en Nuuk que la visión subyacente de Estados Unidos sobre la isla permanece inalterada: ser atada y gobernada desde Washington. Esta declaración se produce después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, intensificara sus llamados a un mayor control estadounidense a principios de año, citando crecientes preocupaciones de seguridad en el Ártico frente a Rusia y China.
Nielsen afirmó que Estados Unidos continúa explorando activamente «caminos hacia la propiedad y el control sobre Groenlandia», según reportó France 24. Si bien el presidente Trump ha retirado las amenazas de coerción militar, la intención estratégica de asegurar la isla persiste, lo que ha provocado fricciones con aliados clave de la OTAN, incluida Dinamarca, que defienden su soberanía.
El gobierno groenlandés informó la semana pasada sobre el lanzamiento de una encuesta de salud mental debido a la presión excepcional generada por esta situación geopolítica. Nielsen citó problemas graves de sueño y ansiedad entre los ciudadanos, calificando la incertidumbre constante sobre el futuro como «completamente inaceptable» para la población.
Diplomáticos de Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia iniciaron conversaciones la semana pasada para abordar las preocupaciones de seguridad estadounidenses, siempre y cuando se respeten las «líneas rojas» establecidas por el Reino danés. Nielsen elogió a Dinamarca por su asociación continua durante la crisis, reafirmando su preferencia histórica por Copenhague en caso de tener que elegir entre las dos potencias.
Analistas observan que la insistencia de Washington en el control territorial resuena con un patrón de «nuevo imperialismo», donde la seguridad nacional se utiliza como justificación para la expansión de influencia en regiones estratégicas como el Ártico. Este debate toca fibras sensibles para la población inuit, cuyo concepto de administración colectiva de la tierra contrasta con las nociones de propiedad absoluta.
El discurso del primer ministro no abordó explícitamente la opción de la independencia de Groenlandia, centrándose en cambio en la defensa de la autonomía y la gestión de la presión externa. Las futuras negociaciones se centrarán en definir los límites de la cooperación en seguridad sin comprometer la soberanía danesa sobre el territorio autónomo.