El gobierno neerlandés está evaluando una propuesta para desalojar el pueblo de Moerdijk con el fin de instalar infraestructuras energéticas críticas. Situada a 34 kilómetros al sur de Róterdam, esta comunidad pesquera de 1.100 habitantes se encuentra en un terreno que las autoridades han identificado como el lugar idóneo para construir las subestaciones de alta tensión necesarias para conectar los parques eólicos marinos a la red nacional.
Los planificadores nacionales señalan que la proximidad del pueblo a puertos, autopistas y líneas eléctricas existentes es la razón principal de esta elección. Sin embargo, el plan supondría la demolición total de la localidad en la próxima década.
Jaco Koman, un pescadero local cuya familia opera en la zona desde 1918, describió la situación como si los estuvieran “llevando al matadero”. Koman sostiene que la infraestructura energética debería desarrollarse mar adentro en lugar de arrasar con comunidades ya establecidas.
Un conflicto de prioridades
Los síntomas del incierto futuro del pueblo son visibles en todo Moerdijk. Los vecinos han izado banderas a media asta en señal de duelo por su hogar, y los carteles de “se vende” permanecen en propiedades que pocos están dispuestos a comprar. Andrea, dueña de una tienda de comestibles local, teme perder la casa de su familia y el desplazamiento de las generaciones enterradas en el cementerio local.
Geerten Boogaard, profesor de gobierno local en la Universidad de Leiden, señala que el Estado neerlandés posee importantes instrumentos legales para forzar el uso del suelo por “interés nacional vital”. Aunque los ayuntamientos pueden presentar objeciones, el gobierno central mantiene la autoridad última para seguir adelante con el proyecto.
Esta tensión pone de relieve una lucha más amplia en los Países Bajos por gestionar la escasez de suelo frente a la urgente demanda de infraestructuras de energía renovable. La red eléctrica nacional atraviesa actualmente una importante congestión y el gobierno se encuentra bajo presión para avanzar en la transición energética.
El alcalde del municipio, Aart Jan Moerkerke, declaró que el gobierno necesita aproximadamente 450 hectáreas de terreno para el proyecto, que incluye la subestación y las plantas de producción de hidrógeno propuestas. Se espera que el gobierno central tome una decisión definitiva sobre el futuro del pueblo a finales de este año.