La Era
5 abr 2026 · Actualizado 10:20 p.m. UTC
Medio Ambiente

El deshielo del permafrost ártico libera carbono milenario en los sistemas fluviales del norte

Un estudio de la Universidad de Massachusetts Amherst confirma que el deshielo del permafrost está vertiendo carbono de hace milenios en los ríos árticos, lo que genera un ciclo de retroalimentación que acelera el calentamiento global.

Tomás Herrera

3 min de lectura

El deshielo del permafrost ártico libera carbono milenario en los sistemas fluviales del norte
Landscape of Arctic permafrost.

Un exhaustivo análisis del paisaje del norte de Alaska revela que el Ártico está experimentando una transformación fundamental a medida que el aumento de las temperaturas descongela el suelo, arrastrando carbono antiguo hacia los sistemas fluviales de la región. La investigación, dirigida por el geocientífico Michael Rawlins de la Universidad de Massachusetts Amherst, detalla cómo el permafrost profundo se está derritiendo y liberando materia orgánica que permaneció atrapada durante miles de años.

El estudio, publicado en la revista Global Biogeochemical Cycles, analizó 44 años de datos de alta resolución en una zona de la vertiente norte de Alaska que abarca una superficie similar a la de Wisconsin. Los investigadores descubrieron que la escorrentía está aumentando, la temporada de deshielo se prolonga hasta bien entrado el otoño y los ríos transportan concentraciones significativamente mayores de carbono orgánico disuelto hacia el mar de Beaufort.

Un ciclo de retroalimentación climática

Los ríos árticos son fundamentales para el sistema climático mundial, ya que aportan el 11% del agua fluvial del planeta a los océanos, a pesar del tamaño relativamente pequeño de la región. A medida que la «capa activa» del suelo —la parte que se congela y descongela anualmente— se vuelve más profunda debido al calentamiento climático, una mayor cantidad de agua subterránea se filtra en estos ríos, arrastrando consigo carbono prehistórico.

Una vez que este carbono llega al océano, gran parte se convierte en dióxido de carbono. Este proceso contribuye directamente al calentamiento global, creando un ciclo de retroalimentación en el que el aumento de las temperaturas descongela más terreno, lo que a su vez libera más gases de efecto invernadero.

«Lo que hace que esta pregunta sea tan difícil de responder es que las observaciones directas son muy escasas en el norte de Alaska», señaló Rawlins. «No hay ni de lejos suficientes mediciones de muestras de ríos para cuantificar los aportes a los estuarios a lo largo de toda la vertiente norte de Alaska».

Para superar la falta de datos directos, Rawlins utilizó el Modelo de Balance Hídrico del Permafrost, una herramienta que ha perfeccionado durante 25 años. Mediante simulaciones en una supercomputadora, el equipo rastreó los flujos fluviales diarios y las exportaciones costeras desde 1980 hasta 2023. El modelo indica que el Ártico podría experimentar hasta un 25% más de escorrentía y un 30% más de flujo subsuperficial en los próximos 80 años.

Estos hallazgos ofrecen una visión detallada de los cambios ambientales que antes quedaban ocultos por el uso de modelos más grandes y menos precisos. Al centrarse en datos a escala de un kilómetro, el equipo identificó que el noroeste de Alaska es la zona que actualmente experimenta los mayores aumentos en la exportación de carbono.

Estos datos sirven como un recurso vital para proyectos en curso como la iniciativa Beaufort Lagoon Ecosystems, que monitorea la salud de estos estuarios costeros. Dado que el Ártico se calienta más rápido que el resto del planeta, el estudio sugiere que la liberación de carbono antiguo ya no es un problema localizado, sino un factor determinante del cambio atmosférico.

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