Científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) mantienen bajo vigilancia el océano Pacífico ante posibles señales de un «Godzilla El Niño», un fenómeno climático intensificado capaz de causar alteraciones ambientales a escala global. Si bien el patrón estándar de El Niño ya advierte sobre un aumento en las temperaturas oceánicas, los investigadores alertan que esta variante extrema podría incrementar significativamente la volatilidad climática.
Luisa Machain Castillo, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, señaló que el término cobró relevancia durante el evento ocurrido entre 2015 y 2016. Los datos de la NASA de aquel periodo registraron picos de temperatura superficial de entre 2.5 y 3 grados Celsius en el Pacífico central y oriental.
La ruta de la destrucción
La clasificación de «Godzilla» refleja la capacidad del fenómeno para desencadenar desastres dispares de forma simultánea en todo el mundo. Históricamente, este evento se correlaciona con lluvias intensas en algunas regiones, sequías severas en otras, además de un aumento en los incendios forestales y pérdidas agrícolas.
La biodiversidad marina también se ve afectada bajo estas condiciones. El Instituto de Ciencias del Mar y Limnología informa que el calor extremo provoca un blanqueamiento masivo de corales y el desplazamiento forzado de especies marinas. Asimismo, expande las llamadas «zonas muertas», donde los niveles de oxígeno caen tanto que la vida acuática no puede sobrevivir.
Aunque los expertos aún no han confirmado que el actual fenómeno de El Niño evolucione a una escala «Godzilla» para 2026, se mantienen en alerta máxima. De desarrollarse esta versión más intensa, México enfrentaría un mayor riesgo de huracanes poderosos impactando la costa del Pacífico, particularmente en Oaxaca, Guerrero, Jalisco y Baja California Sur.
Más allá de la actividad ciclónica, el patrón podría derivar en inundaciones extremas y deslaves en ciertas zonas. Por el contrario, otras regiones del país podrían enfrentar sequías prolongadas y olas de calor inusuales. Es probable que los ecosistemas marinos de México experimenten cambios similares a los documentados en 2015, cuando especies inusuales migraron hacia las aguas cercanas a Mazatlán.