Las operaciones militares israelíes en el Líbano han desencadenado una crisis humanitaria de gran magnitud; según las autoridades, cerca de 1,2 millones de personas se han visto obligadas a huir de sus casas desde el 2 de marzo. Esta escalada, que incluye una incursión terrestre cada vez más profunda y bombardeos aéreos generalizados, ha dejado un saldo de más de 1.450 muertos, entre ellos 126 niños, de acuerdo con las cifras del gobierno libanés. Además, otras 4.400 personas han resultado heridas.
En un ataque reciente contra el sur de Beirut, al menos 15 personas murieron y 39 resultaron heridas, informó France 24 el domingo. Este suceso se suma a una serie de ataques en la región de Jabal Amel, donde se ha atacado infraestructura crítica, incluidos puentes. Los observadores advierten que la destrucción de las rutas de transporte está aislando al sur, dejando a unas 150.000 personas sin acceso a ayuda humanitaria.
“Estamos viendo un resurgimiento de las tácticas empleadas en la guerra de 2006, especialmente el ataque a la infraestructura de transporte para aislar el sur”, señaló Elie Yaacoub, jefe del Equipo de Análisis de Crisis de Mercy Corps en el Líbano. “La diferencia hoy radica en la magnitud de las necesidades y la fragilidad de unos sistemas que ya estaban bajo presión, lo que hace que las consecuencias humanitarias sean aún más graves”.
En Kfar Hatta, un ataque israelí mató a siete personas, entre ellas una niña de cuatro años y un soldado libanés, a pesar de que la zona era un refugio para personas ya desplazadas. Otros ataques recientes incluyen el bombardeo a un vehículo en Kfar Rumman, que dejó cuatro muertos, y un impacto cerca del Hospital Ghandour en Nabatieh al-Fawqa. En Toul, un matrimonio falleció, dejando a sus dos hijos, de 15 y nueve años, heridos.
Una nación en tránsito
La magnitud del desplazamiento ha desbordado la capacidad de acogida del país. Muchas familias, como la de Aymane Malli, de 49 años, se han refugiado en escuelas o edificios públicos. Malli, quien huyó de Habbouch con su esposa y sus cinco hijos, declaró a Al Jazeera: “Es muy difícil. Pero para mí está bien porque tengo que sobrevivir. Tengo que cuidar de mi familia”. Al preguntarle por el futuro, añadió: “Esperamos. Quizás algún día todo termine y podamos volver a casa… si es que podemos volver. No tenemos otra opción”.
El presidente libanés, Joseph Aoun, ha hecho un llamamiento urgente a la negociación para evitar una mayor destrucción. “¿Por qué no negociamos… hasta que al menos podamos salvar las casas que aún no han sido destruidas?”, cuestionó durante un discurso televisado el domingo. El conflicto deriva de un ciclo de violencia que se intensificó después de que Hezbolá lanzara ráfagas de cohetes en respuesta a una guerra conjunta entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que incluyó el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, el 28 de febrero.
Aunque la cifra actual de desplazados es de 1,2 millones, los registros previos indican que 899.725 personas fueron desplazadas por la fuerza entre octubre de 2023 y noviembre de 2024. La mayoría de esas familias habían regresado a sus pueblos en octubre pasado, solo para verse obligadas a huir de nuevo. El Banco Mundial estimó anteriormente que 99.000 viviendas resultaron dañadas o destruidas durante ese periodo de 14 meses, con daños residenciales que ascendieron a unos 2.800 millones de dólares. A medida que el ejército amplía las órdenes de evacuación —que ahora llegan hasta 40 km al norte de la frontera israelí—, la situación humanitaria sigue deteriorándose.