El Banco Central de Chile integró nuevos escenarios geopolíticos en su última proyección económica oficial. El instituto emisor analizó las consecuencias del conflicto en Irán sobre los precios del petróleo en un recuadro titulado efectos de la guerra en la economía global. Esta evaluación se publica dentro del Informe de Política Monetaria y responde a la incertidumbre actual sobre la seguridad de las rutas energéticas.
En el escenario central de sus proyecciones, el precio del petróleo se mantendrá en torno a los 100 dólares en el segundo trimestre. El documento detalla que el promedio alcanzaría 86 dólares para el 2026, reflejando una estabilización gradual. Además, el instituto supone que los precios se estabilizarían en niveles algo superiores a los considerados en diciembre debido a la prima geopolítica.
El banco central indicó que los efectos macroeconómicos se reflejarían en una mayor inflación global y en un crecimiento de los socios comerciales algo menor. La inflación global aumentaría en torno a 0,6 puntos porcentuales en promedio en 2026 respecto de un escenario sin guerra. Asimismo, el crecimiento de los socios comerciales resultará algo menor debido a la reducción de la demanda internacional. Estos indicadores son vitales para la política monetaria del país.
Con todo, en el escenario central el crecimiento de los socios comerciales se revisa marginalmente al alza en 2026 por factores compensatorios. El mayor crecimiento observado hacia fines de 2025 compensa la corrección a la baja por la guerra en las proyecciones iniciales. Esta compensación mitigaría parcialmente el impacto negativo del conflicto en la demanda externa de productos chilenos.
No obstante, el banco sostuvo que la incertidumbre de este escenario es alta y requiere vigilancia permanente. No podría descartarse situaciones más adversas si el conflicto se intensifica en las próximas semanas. Un escenario alternativo considera una evolución más adversa del conflicto con impactos mayores sobre la economía global y los mercados financieros.
Si el estrecho de Ormuz permaneciera cerrado por tres meses, el precio del petróleo alcanzaría un máximo cercano a 150 dólares por barril. El promedio anual se situaría en 110 dólares, influenciado por la menor oferta y una mayor prima por riesgo geopolítico en el mercado. Esto representaría un choque significativo para los mercados internacionales y afectaría los costos de importación de energía. El impacto directo en el costo de vida de los consumidores sería inmediato.
Para la inflación global se estima un efecto en torno a 1,5 puntos porcentuales para el promedio de 2026 en este caso adverso. La actividad de socios comerciales caería por este factor en torno a 0,6 puntos porcentuales, reduciendo el comercio global. Esta caída compensaría el mayor crecimiento que cabría esperar sin el escenario de conflicto en la región.
Para Chile, la volatilidad en los precios de las materias primas es un factor crítico para su estabilidad fiscal y monetaria nacional. La dependencia de las exportaciones minerales y la energía importada expone a la economía a estos shocks externos significativos. Las autoridades deberán monitorear de cerca cómo se transmiten estos precios a la inflación doméstica y al déficit fiscal. La correlación entre el petróleo y el peso chileno merece atención especial.
El instituto emisor mantiene la necesidad de evaluar constantemente escenarios alternativos ante la incertidumbre sobre el desarrollo de la guerra. Esta flexibilidad permite ajustar la política monetaria si las condiciones cambian drásticamente en el entorno internacional. La estabilidad de los precios sigue siendo el objetivo principal frente a estas perturbaciones externas en el mercado.
Los mercados vigilarán de cerca las próximas decisiones del Banco Central ante cualquier escalada militar en la región de Oriente Medio. Cualquier cierre prolongado del estrecho podría forzar un endurecimiento monetario adicional para contener la inflación importada. La situación geopolítica continúa siendo un riesgo sistémico para la economía chilena y su desempeño en 2026. La volatilidad persistente podría alterar las expectativas de los inversores extranjeros que observan la región chilena.