El gigante español de las telecomunicaciones, Telefónica, abandona el mercado mexicano tras anunciar un acuerdo para vender su filial local al consorcio Melisa Acquisition por 450 millones de dólares. La operación marca el cierre de una estrategia a largo plazo para desprenderse de sus activos en Hispanoamérica y reconfigurar su cartera internacional.
Melisa Acquisition, una alianza entre la firma tecnológica OXIO y Newfoundland Capital Management, tomará el control de Pegaso PCS y Celular de Telefonía, las empresas matrices de Movistar México. La transacción se produce tras un favorable fallo fiscal de 280 millones de dólares obtenido por Telefónica en febrero de 2026, el cual despejó los últimos obstáculos financieros para la venta.
Presiones del mercado y el auge de los operadores virtuales
La decisión de Telefónica de salir de México responde a años de intensa competencia y a la evolución de los hábitos de consumo. El auge de los Operadores Móviles Virtuales (OMV), particularmente Bait de Walmart, transformó radicalmente el panorama del sector.
Según datos reportados por Expansión, Bait alcanzó los 23,5 millones de líneas activas a finales de 2025, superando los 21,7 millones de suscriptores de Movistar. Solo en el tercer trimestre, Bait sumó dos millones de usuarios, lo que limitó la capacidad de Movistar para ampliar su base mediante estrategias de precios agresivas.
Desde 2019, Telefónica ya había virado hacia un modelo de negocio "ligero" para mitigar estas presiones. La compañía devolvió sus licencias de espectro y optó por arrendar capacidad de red a terceros, una medida diseñada para reducir costes y riesgos financieros.
A pesar del acuerdo, la venta aún no es definitiva. La transacción sigue sujeta a una rigurosa supervisión regulatoria. Tanto el Instituto Federal de Telecomunicaciones como la autoridad nacional antimonopolio deberán otorgar su aprobación antes de que se haga efectiva la transferencia de control.
Asimismo, ambas partes deben cumplir con todas las condiciones estipuladas en el contrato de compraventa. Aunque el precio se ha fijado en 450 millones de dólares, la cifra final podría sufrir los ajustes habituales en adquisiciones corporativas de esta envergadura.