La Era
9 abr 2026 · Actualizado 04:16 a.m. UTC
Economía

El conocimiento se ha convertido en un producto básico: comienza la era del constructor

La ventaja competitiva que antes ostentaban quienes poseían información exclusiva ha pasado a manos de quienes saben construir sistemas funcionales mediante inteligencia artificial.

Lucía Paredes

2 min de lectura

El conocimiento se ha convertido en un producto básico: comienza la era del constructor
A modern office workspace representing the era of the builder.

La era de quienes atesoran conocimiento ha terminado. En su lugar, el 'constructor' —ese profesional que utiliza la inteligencia artificial para crear aplicaciones, automatizar tareas y diseñar sistemas— se ha convertido en el nuevo motor de la ventaja competitiva.

Ilan Oliel Márquez, jefe de Producto y Tecnología en Energía Real, sostiene que la democratización de la IA generativa ha convertido el conocimiento tradicional en un bien común. El acceso a datos de mercado, estrategias de negocio y resúmenes ejecutivos es ahora instantáneo para cualquiera que utilice un modelo de lenguaje (LLM), lo que hace que la pregunta sobre 'qué sabes' sea obsoleta.

'El conocimiento se mercantilizó', señala Márquez. 'Cuando todos tienen acceso a la misma información, la pregunta pasa a ser: ¿qué construyes con lo que sabes?'

Del piloto a la producción

Esta transición exige un cambio en la madurez organizacional. Muchas empresas siguen atrapadas en el 'purgatorio de los pilotos', donde los proyectos experimentales de IA no logran escalar. Márquez identifica tres pilares fundamentales para aquellas compañías que buscan ir más allá del uso básico de chatbots: evolucionar los roles humanos desde la alfabetización en IA hacia la arquitectura de IA, pasar de experimentos aislados a procesos autónomos, y actualizar la infraestructura desde el simple consumo de APIs hacia plataformas empresariales propietarias.

Este cambio no se limita a los desarrolladores de software. Según Márquez, la nueva ola de constructores incluye a vendedores que diseñan sus propios agentes de prospección, equipos legales que automatizan la revisión de contratos y analistas financieros que crean modelos predictivos sin necesidad de escribir código. El requisito principal no es la experiencia en programación, sino la capacidad de pensar en sistemas y la disposición para experimentar.

Sin embargo, la rápida adopción de estas herramientas conlleva riesgos significativos. A medida que los agentes autónomos asumen la toma de decisiones comerciales y el análisis de datos, las organizaciones deben garantizar que sus sistemas sigan siendo transparentes y estén libres de sesgos discriminatorios. Márquez advierte que la velocidad no debe superar a la responsabilidad, especialmente en lo que respecta a la privacidad de los datos y el impacto de la automatización en la fuerza laboral.

El sector energético, específicamente en las operaciones entre empresas (B2B), es el que más puede ganar con este cambio. Dado que las decisiones de inversión en energía implican ciclos de venta complejos y a largo plazo basados en la confianza técnica, las empresas que diseñen sus propias herramientas inteligentes en lugar de comprar software 'estándar' obtendrán una ventaja clara.

'El conocimiento sin acción es solo contenido', concluye Márquez. 'Y el mundo ya tiene suficiente de eso'.

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