Desde la Edad Media hasta principios del siglo XX, dormir dentro de un armario de madera era una práctica habitual en toda Europa. Estas estructuras, conocidas comúnmente como «camas cerradas» o «camas armario», funcionaban como dormitorios elevados y aislados que brindaban calor y privacidad a familias que vivían en hogares pequeños o con corrientes de aire.
Los registros históricos citados por Xataka indican que estas camas no eran solo una cuestión de estilo, sino una necesidad de supervivencia. Mientras Europa atravesaba la «Pequeña Edad de Hielo» —un periodo en el que el río Támesis llegó a congelarse al menos 20 veces—, su diseño cerrado permitía a los ocupantes retener el calor corporal de manera mucho más eficaz. Al encerrarse dentro de una estructura de madera, las familias lograban crear un microclima que los protegía de las gélidas temperaturas exteriores.
Un diseño para la supervivencia y el espacio
La utilidad de la cama cerrada iba más allá de la regulación térmica. Para las familias que vivían en viviendas pequeñas de una sola habitación o en graneros reconvertidos, estas estructuras ofrecían un espacio privado y exclusivo que podía cerrarse con puertas o cortinas. Los hogares más acomodados solían optar por diseños elaborados y de varios niveles, mientras que las familias campesinas utilizaban modelos más sencillos que, en ocasiones, incorporaban cajones para guardar la ropa.
La huella histórica de estas camas está bien documentada en el arte y la literatura europea. Pintores como Pieter de Hooch y Jacob Vrel las representaron con frecuencia en sus interiores, y autores como Emily Brontë las incluyeron en sus relatos. Hoy en día, una de estas piezas se conserva en la Casa Museo de Rembrandt en Ámsterdam, tras haber pertenecido al artista y a su esposa, Saskia.
Aunque la idea de dormir dentro de un armario pueda parecer claustrofóbica para la sensibilidad moderna, los principios básicos de la cama cerrada han perdurado hasta el siglo XXI. La tendencia arquitectónica de optimizar espacios reducidos ha propiciado un resurgimiento de diseños similares. Las versiones modernas, como los hoteles cápsula de estilo japonés y la tecnología de camas inteligentes, reflejan la intención original de la cama cerrada: crear un entorno compacto, eficiente y protegido para el descanso.