La Era
6 abr 2026 · Actualizado 03:46 a.m. UTC
Ciencia

Por qué sentimos que el tiempo se acelera a medida que envejecemos

La evidencia científica sugiere que la sensación de que el tiempo pasa más rápido al envejecer es un fenómeno psicológico medible y no una simple ilusión.

Rodrigo Vega

2 min de lectura

Por qué sentimos que el tiempo se acelera a medida que envejecemos
Conceptual image of an hourglass representing time

La sensación de que cada año que pasa se desvanece más rápido que el anterior es una experiencia casi universal. Los psicólogos llevan más de un siglo investigando este fenómeno, y la explicación más persistente se basa en la llamada Ley de Janet.

Propuesta por primera vez por el filósofo Paul Janet en 1877, la teoría sugiere que nuestra percepción subjetiva del tiempo es relativa a la duración total de nuestra vida. Para un niño de diez años, un año representa el 10% de su existencia, por lo que se siente como un periodo sustancial. Para una persona de cincuenta años, ese mismo año supone solo el 2% de su vida, lo que lleva al cerebro a procesar el intervalo como algo significativamente más breve.

Los datos de Psychology Today respaldan esta idea, mostrando que las personas reportan constantemente una sensación de aceleración del tiempo a medida que envejecen. Además, los experimentos revelan que los adultos mayores suelen subestimar intervalos de tiempo determinados en comparación con los participantes más jóvenes, lo que sugiere que el fenómeno es medible en entornos de laboratorio.

El papel de la rutina y la biología

Las matemáticas por sí solas no cuentan toda la historia. Al entrar en la veintena, la vida suele estructurarse en torno a rutinas repetitivas, como el trabajo y las tareas domésticas. El psicólogo Robert Ornstein demostró que el cerebro percibe como más largos aquellos periodos que contienen una mayor densidad de estímulos nuevos. En la infancia, cada experiencia es novedosa y rica en detalles, mientras que el cerebro adulto tiende a filtrar lo familiar, lo que resulta en una percepción comprimida del tiempo.

Los factores biológicos también desempeñan un papel importante. Algunas teorías citadas por Psychology Today sugieren que los niños poseen ritmos fisiológicos más rápidos, incluyendo la frecuencia cardíaca y los ciclos respiratorios. Estos relojes internos más acelerados significan que, subjetivamente, los niños experimentan más eventos dentro de una ventana estándar de 24 horas que los adultos, cuyo metabolismo y procesos internos se han ralentizado.

La neurociencia confirma que el cerebro depende de relojes internos influenciados por la atención, la motivación y el estado emocional. Cuando estamos profundamente concentrados o motivados, percibimos que el tiempo pasa más rápido. Por el contrario, los estados de aburrimiento o una alta conciencia del reloj pueden hacer que el tiempo parezca detenerse.

A pesar de la tendencia del tiempo a acelerarse, el proceso no es necesariamente inevitable. Las investigaciones indican que el cerebro puede estirar eficazmente la percepción del tiempo introduciendo novedades. Participar en nuevas actividades, viajar o aprender nuevas habilidades aumenta el volumen de información que el cerebro debe procesar. Al romper las rutinas, las personas pueden alterar esa sensación de aceleración rápida y, en efecto, cambiar la forma en que experimentan su vida cotidiana.

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