Científicos han revelado una nueva función para los astrocitos, unas células cerebrales en forma de estrella que antes se descartaban como mero soporte estructural. Un estudio publicado en la revista Nature demuestra que estas células participan activamente en la formación, el recuerdo y la supresión de los recuerdos relacionados con el miedo.
Investigadores de la Universidad de Arizona y de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) llevaron a cabo este estudio para determinar cómo interactúan estas células con las neuronas en la amígdala, el centro de procesamiento del miedo en el cerebro. El equipo descubrió que los astrocitos no solo mantienen unido el cerebro, sino que también codifican y mantienen las señales neuronales responsables del miedo.
“Los astrocitos están entrelazados entre las neuronas del cerebro y parecía poco probable que estuvieran allí solo para tareas de mantenimiento”, señaló Lindsay Halladay, profesora adjunta en la Universidad de Arizona y una de las autoras principales del estudio. “Queríamos entender qué están haciendo realmente y cómo moldean la actividad neuronal en el proceso”.
Repensando el circuito del miedo en la amígdala
Utilizando sensores fluorescentes en modelos de ratón, el equipo de investigación observó la actividad de los astrocitos en tiempo real. Descubrieron que los niveles de actividad en estas células aumentaban drásticamente durante la creación y el recuerdo de memorias de miedo. Cuando los investigadores debilitaron experimentalmente las señales que los astrocitos enviaban a las neuronas, las respuestas de miedo en los sujetos disminuyeron.
Este descubrimiento desafía la visión tradicional, centrada exclusivamente en las neuronas, sobre cómo el cerebro procesa el trauma. Cuando los científicos interrumpieron la señalización normal de los astrocitos, las neuronas no lograron formar los patrones de actividad específicos necesarios para las respuestas defensivas. Estos hallazgos sugieren que los astrocitos actúan como un puente regulador en la forma en que el cerebro interpreta las amenazas.
Más allá de la amígdala, la investigación indica que los astrocitos también influyen en la corteza prefrontal, la región responsable de la toma de decisiones. Esto sugiere que las células ayudan al cerebro a decidir si una situación requiere una reacción de miedo genuina o una respuesta más medida.
Este cambio de perspectiva podría transformar la forma en que los médicos tratan las afecciones relacionadas con la ansiedad, incluido el trastorno de estrés postraumático. Si los especialistas logran actuar sobre los astrocitos para ayudar a desvanecer recuerdos de miedo persistentes e irracionales, esto podría abrir una nueva vía para la recuperación de los pacientes.
Halladay planea ampliar la investigación a otras regiones cerebrales, como la sustancia gris periacueductal del mesencéfalo, que controla las respuestas físicas como paralizarse o huir. Identificar cómo operan estas células en toda la red del miedo es el siguiente paso para explicar por qué algunas personas desarrollan respuestas de ansiedad crónica ante estímulos que no representan una amenaza real.