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2 may 2026 · Actualizado 05:52 p.m. UTC
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La UE considera un préstamo histórico de 140.000 millones de euros para Ucrania utilizando activos rusos congelados como garantía

La Unión Europea está explorando una audaz estrategia financiera para apoyar a Ucrania mediante la obtención de un préstamo masivo respaldado por activos rusos congelados, una medida que podría sortear los obstáculos tradicionales del veto.

Isabel Moreno

3 min de lectura

La UE considera un préstamo histórico de 140.000 millones de euros para Ucrania utilizando activos rusos congelados como garantía
Sede de la Comisión Europea en Bruselas.

Una nueva estrategia financiera para Kiev

En una medida que podría alterar fundamentalmente el enfoque de la Unión Europea respecto a las sanciones y la ayuda financiera, Bruselas está evaluando actualmente una propuesta para emitir un préstamo récord de 140.000 millones de euros para Ucrania. El plan, que ha ganado un impulso significativo entre los Estados miembros clave, busca aprovechar los cientos de miles de millones de euros en activos soberanos rusos actualmente congelados en instituciones financieras europeas.

Desde el inicio del conflicto en 2022, la UE ha inmovilizado importantes activos de bancos estatales y fondos soberanos rusos para restringir el fondo de guerra de Moscú. Si bien la UE se había limitado anteriormente a utilizar los intereses generados por estos fondos —más notablemente los 185.000 millones de euros mantenidos por la firma Euroclear, con sede en Bruselas—, la nueva propuesta sugiere utilizar los activos principales como garantía para un préstamo a gran escala y en varios tramos.

La justificación estratégica

El canciller alemán Friedrich Merz se ha convertido en un firme defensor del plan. En un reciente artículo de opinión para el Financial Times, Merz argumentó que el préstamo es esencial para cambiar la trayectoria actual de la guerra. Destacó que los activos no serían confiscados permanentemente, sino que se mantendrían como garantía para proporcionar la estabilidad financiera necesaria tanto para la defensa militar de Ucrania como para sus necesidades presupuestarias a largo plazo.

“Necesitamos un nuevo impulso para cambiar los cálculos de Rusia”, escribió Merz. “Ahora es el momento de aplicar una palanca efectiva que interrumpa el cínico juego del presidente ruso de ganar tiempo”.

Superando el obstáculo del veto

Uno de los aspectos más complejos de la propuesta implica el impulso de la Comisión Europea para reformar el proceso de toma de decisiones respecto a las sanciones. Actualmente, cualquier extensión de las sanciones requiere la aprobación unánime de los 27 Estados miembros, una regla que históricamente ha permitido a países como Hungría retrasar o bloquear iniciativas.

Para mitigar el riesgo de que un solo Estado miembro vete la extensión de la congelación de activos —lo que técnicamente permitiría que los fondos regresaran a Rusia y dejaría a la UE responsable del préstamo—, la Comisión está considerando un cambio hacia la votación por mayoría cualificada. Bajo este nuevo marco, una propuesta se aprobaría si cuenta con el apoyo de al menos el 55 por ciento de los Estados miembros que representen al 65 por ciento de la población de la UE. Este cambio, aunque técnicamente necesario para asegurar la viabilidad financiera del préstamo, sigue siendo un tema político altamente sensible, ya que reduciría el poder de veto individual que muchas capitales se muestran reacias a abandonar.

Riesgos geopolíticos y el dilema húngaro

La propuesta no está exenta de detractores y riesgos significativos. Los escépticos dentro del bloque temen que utilizar activos soberanos como garantía pueda sentar un precedente internacional peligroso, lo que podría dar lugar a desafíos legales o medidas económicas de represalia por parte de Moscú.

Para Hungría, la propuesta presenta una compleja paradoja diplomática y financiera. Si bien al gobierno de Budapest podría resultarle fiscalmente ventajoso financiar el apoyo a Ucrania a través de activos rusos congelados en lugar de contribuciones directas de los presupuestos nacionales, las implicaciones políticas son complicadas. Oponerse a la medida conlleva el riesgo de un mayor aislamiento de los socios europeos, mientras que apoyarla podría tensar gravemente los delicados lazos diplomáticos de Hungría con el Kremlin. A medida que la UE se acerca a una decisión final, el debate pone de relieve la tensión constante entre mantener la unidad interna y responder eficazmente a la crisis en las puertas de Europa.

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