El arquitecto Smiljan Radic recibió el prestigioso Premio Pritzker, consolidando a Chile en un grupo selecto a nivel internacional. Este reconocimiento genera alegría, aunque deja al país en una situación extraordinaria en la escena arquitectónica global. La noticia destaca la posición única de Chile frente a otras economías desarrolladas.
Japón lidera la lista con ocho arquitectos o oficinas galardonadas en la historia del premio. Estados Unidos cuenta con siete ganadores, mientras que Reino Unido suman cuatro en su palmarés. Chile comparte una posición igualada con España, Portugal, Italia y Suiza al tener dos laureados.
Ricardo Abuauad, decano del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello, cuestiona cómo aprovechar esta visibilidad. El texto argumenta que se necesita transformar la situación en una oportunidad para más arquitectos. Las escuelas deben formar profesionales de excelencia para que los jóvenes desarrollen obra.
Ninguno de los dos ganadores chilenos del Pritzker ha obtenido el Premio Nacional de Arquitectura. Además, este galardón no considera reconocimiento económico ni pensión vitalicia como otros Premios Nacionales. La disciplina tiene el mayor impacto internacional del país, pero el reconocimiento interno es limitado.
Los concursos públicos, mecanismo clave para promover la arquitectura, son escasos en el territorio nacional. Incluso cuando existen, es habitual que las obras no se construyan o el diseño no sea decisivo. Otros criterios se ponderan con igual o mayor relevancia en el proceso de adjudicación.
El caso de la Expo Dubái 2020 ilustra estas falencias en la política de fomento arquitectónico. El pabellón diseñado por Radic, Puga y Velasco no se llegó a construir según reportes. Este evento internacional promovió nuestra arquitectura pero careció de concreción física.
Medellín ha sido promovida como la ciudad del renacimiento cultural en la región latinoamericana durante años. Lima logró posicionar su cocina a nivel global con un éxito innegable en la capital gastronómica del continente. Buenos Aires mantiene una escena teatral incombustible frente a los vaivenes políticos del país.
Ninguna de estas cosas ocurren porque sí, son resultado de transformar oportunidades en políticas culturales concertadas. Chile posee arquitectos notables, pero falta mucho para que la arquitectura alcance el status que merece. Se requiere entender la arquitectura como política cultural de primer orden.
La tarea pendiente es atraer capital humano y alimentar la economía a través de este sector productivo. La visibilidad del Premio Pritzker no basta sin acciones concertadas para potenciar los atributos nacionales. El futuro depende de convertir esta oportunidad en una estrategia de desarrollo real para todos los profesionales.