Una nueva iniciativa para medir e incluir el "capital cerebral" como indicador económico fue lanzada durante el Foro Económico Mundial en Davos, según reportó Health Policy Watch. Los promotores de la iniciativa argumentan que usar la salud cerebral, incluyendo enfermedades como la demencia, como métrica de desarrollo puede estimular la inversión necesaria en este sector.
Las discusiones, organizadas por el Davos Alzheimer’s Collaborative (DAC), señalaron un cambio de perspectiva: ver la salud cerebral no como un costo, sino como un activo económico invertible con implicaciones directas en la productividad y la resiliencia. El lanzamiento del Índice Global de Capital Cerebral y la Iniciativa Global de la Economía Cerebral busca monetizar este activo para desbloquear financiamiento a lo largo del ciclo de vida.
Harris Eyre, profesor de la Universidad Rice y miembro del DAC, describió el momento como un punto de inflexión, citando el informe del Foro Económico Mundial y McKinsey Health Institute, The Human Advantage: Stronger Brains in the Age of AI. Eyre destacó que los desafíos cerebrales son significativos en todas las etapas, desde la malnutrición temprana hasta el envejecimiento y la demencia, con un costo actual de 3.5 billones de dólares para la economía global.
El concepto central es el "capital cerebral", definido como el valor combinado de la salud cerebral y las habilidades cognitivas, considerado por Eyre como el "capital humano 2.0" en la era de la neurociencia. Este abarca salud mental, resiliencia emocional, creatividad y aprendizaje, capacidades que son cruciales ante la aceleración del cambio tecnológico.
Rym Ayadi, presidenta de la Euro-Mediterranean Economists Association (EMEA), presentó el Índice Global de Capital Cerebral, una herramienta estandarizada para medir estos componentes a nivel nacional. Ayadi señaló que el PIB es una métrica de cantidad, no de calidad, y que la salud cerebral debe ser tratada como infraestructura e inversión, no como un gasto residual.
El índice utiliza más de 28 indicadores clave que cubren salud cerebral, habilidades y factores habilitadores como la calidad educativa y los riesgos ambientales, como la contaminación del aire, vinculada al deterioro cognitivo. Ayadi indicó que, si bien las habilidades cognitivas siguen mejorando en muchas regiones, existe un declive persistente en la salud cerebral a nivel mundial, afectando tanto a países de la OCDE como a los no pertenecientes a ella.
Los expertos vincularon este declive a la creciente carga de enfermedades no transmisibles, incluyendo la depresión y el Alzheimer, exacerbado por el envejecimiento poblacional y la financiación insuficiente. A pesar de su importancia económica, la salud cerebral permanece sistemáticamente subfinanciada e integrada de manera deficiente en los marcos políticos actuales.
El desarrollo de esta nueva métrica busca proporcionar una brújula estratégica para la política económica futura, forzando a los responsables políticos a cuantificar y priorizar la salud del cerebro como un motor fundamental del desarrollo económico sostenible.